03 mayo 2009

Cuando nos dijeron que no saliéramos

Javier Favela / La Voz de Michoacán
El terror apocalíptico asaltó el hogar de doña Juana. Oyó en las noticias sobre un mortífero, invisible y novedoso virus que –dicen las autoridades- penetra silenciosamente por los labios, los ojos y la nariz.
Incondicionalmente obedeció las órdenes sanitarias trasmitidas en la televisión a todas horas. Se atrincheró en su domicilio. Se apresuró a comprar tapabocas, hallándolos agotados en todas las farmacias. Y ya no mandó a su hija de 7 años a la escuela ese día lunes, adelantándose al cierre oficial generalizado.
Vivió la mayor de las angustias cuando una noche despertó y vio que su bebé enfermo, de un año de edad, no podía respirar bien. Eran las 3 de la madrugada. Corrió al hospital, con el corazón apretujado, porque había escuchado que los niños son los más vulnerables al maligno virus. En Urgencias, el médico de turno le dijo que solo eran flemas en la traquea, tranquilizándola en ese momento. “El nuevo virus es como una gripe agravada, con moco, diarrea, vómito o dolor de cabeza”, le explicó.
Por la televisión se iba enterando que todo el mundo exterior se estaba paralizando: restaurantes, cines, estancias infantiles y planteles educativos. Ni Expo Feria itinerante, ni Cinépolis, ni festejos del Día del Niño, ni partidos de futbol. Las trabajadoras embarazadas o en lactancia no irían a laborar. De la guardería le había telefoneado para disculparse y pedir su comprensión porque no laborarían sino hasta el próximo día 6 de mayo.
Leyó que el virus se trasmite por las mucosas. Luego de 3 días de peregrinar por las farmacias halló tapabocas y compró 30, a 2 pesos por pieza. Le platicaron que algunos comerciantes vivales estaban haciendo su agosto, vendiendo los cubrebocas hasta en 10 y 50 pesos por pieza.
Al aventurarse a salir a la calle, doña Juana percibió el temor en los ojos de la gente, que guardaba su distancia. Nada de saludos de beso o de mano. Casi todo mundo buscó ansiosamente adquirir toallitas de cloro, gel con alcohol o spray para matar un virus que –según el gobierno- puede permanecer en los objetos hasta por 36 horas. En algunos supermercados hubo compras de pánico.
Con tos ligera y con ojos irritados (quizá por ver tanta tele en su casa), doña Juana mejor “previno” y se encaminó al Seguro Social. Encontró una multitud de enfermos de las vías respiratorias haciendo fila durante una hora para sacar ficha y otras 2 horas, para recibir atención médica. Una agripada tosía fuertemente en servilletas de papel, sin cubrebocas, horrorizando a los demás pacientes. Prefirió retirarse. “De aquí vamos a salir más malos”. Inmersos en la inicial psicosis colectiva, todo aquel que estornudaba en público era visto como portador de una peste bubónica o como transmisor de una pandemia.
Desalentada con los hospitales públicos abarrotados, doña Juana pagó una consulta de 400 pesos con un médico particular, cuyo teléfono no dejaba de sonar ante tantos pacientes llenos de dudas. Con el galeno, ella se informó que no existe vacuna contra el nuevo virus de la influenza, extremadamente contagioso. “El sector salud tiene el medicamento controlado, que no está a la venta, y que solamente se suministra a los casos comprobados”. Le prescribió alimentos con vitamina C, como naranjas, guayabas o piñas, ya que el “aderogil” también se había agotado en las farmacias.
Atrincherada y enclaustrada en su hogar, doña Juana festejó el primer cumpleaños de su hijo, ya casi recuperado de la tos. Salvo el papá y su hermana, no hubo más invitados. Ni abuelos, ni tíos, ni primos, ni amiguitos. En las primeras horas, todo mundo se convirtió en sospechoso en un país semiparalizado por el horror al contagio.
Al paso de los días, ya los morelianos empiezan a normalizar su vida. La secretaría de Salud únicamente reporta 14 sospechosos en la semana, con un caso confirmado del virus A-H1N1 en Michoacán. “Esto parece una cortina de humo que se inventaron para ocultar algo”, conjeturó Aldo Macías, ciudadano entrevistado en las afueras de la catedral, donde una cartulina avisa que no habrá celebración eucarística del 30 de abril al 5 de mayo.

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